Cómo pueden las mujeres líderes utilizar las habilidades del sistema nervioso para combatir el agotamiento

Reseña: Una guía clara y práctica que explica por qué las mujeres líderes sufren un mayor estrés y ofrece ejercicios sencillos para restablecer el equilibrio del sistema nervioso y prevenir el agotamiento.

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Por qué las mujeres en puestos de liderazgo sufren más estrés y qué revelan los datos

Un artículo reciente de Forbes destaca datos claros que muestran que las mujeres en el ámbito laboral manifiestan un mayor compromiso, pero también un mayor agotamiento que los hombres. Las encuestas de Gallup, McKinsey, Deloitte y Pew apuntan todas a la misma tendencia: las mujeres, y especialmente las que ocupan puestos de responsabilidad, se sienten más estresadas y agotadas, a pesar de seguir comprometidas con su trabajo. El artículo también señala que las responsabilidades de cuidado fuera del trabajo se suman a esta presión.

En esencia, el artículo explica que el estrés no solo se debe a las largas listas de tareas pendientes o a los plazos ajustados. Se origina en la forma en que el cuerpo reacciona ante las amenazas percibidas. El sistema nervioso controla esas reacciones: acelera el ritmo cardíaco, tensa los músculos y hace que la respiración se vuelva superficial cuando detecta un peligro. Los problemas del entorno laboral actual desencadenan las mismas respuestas biológicas con las que nuestro cuerpo ha evolucionado para hacer frente al peligro físico, lo que dificulta pensar con claridad y tomar decisiones con serenidad.

El artículo propone tres estrategias prácticas que los líderes pueden utilizar para mitigar esas reacciones: identificar y poner nombre al estrés físico y a las emociones, practicar la aceptación de pequeños gestos de ayuda sin restarles importancia, y terminar el día reconociendo los momentos concretos en los que se ha actuado de forma adecuada. Estos pasos se basan en acciones sencillas y repetibles que ayudan al cerebro a pasar del modo de supervivencia reactivo a un pensamiento más lúcido, reduciendo el riesgo de agotamiento con el tiempo.

Cómo esto cambia las prioridades en la gestión del estrés para los profesionales con una agenda apretada

Para alguien que intenta gestionar el estrés, la conclusión principal es que las herramientas deben actuar tanto sobre el cuerpo como sobre la mente. Los consejos tradicionales como “prioriza las tareas” o “duerme más” siguen siendo útiles, pero el artículo propone un punto de partida diferente: regula primero tu fisiología. Cuando el sistema nervioso se calma, la concentración, la capacidad de tomar decisiones y la paciencia vuelven mucho más rápido que cuando solo te centras en la lista de tareas pendientes.

Este enfoque modifica algunas prácticas recomendadas del día a día. En primer lugar, incorpora a tu rutina una breve revisión de tu estado físico antes de los momentos decisivos. En segundo lugar, considera que aceptar ayuda es una habilidad que hay que practicar, no un capricho. Estas prácticas no requieren un entrenamiento sofisticado ni programas largos; funcionan como microhábitos que puedes repetir. Con el paso de las semanas, ayudan a reestructurar la forma en que tu cerebro asocia el recibir apoyo o expresar sentimientos con la seguridad, en lugar de con una amenaza.

Presta atención a dos señales de alerta: la tensión muscular crónica y la costumbre de rechazar sistemáticamente las ofertas de ayuda. Si detectas alguna de ellas, cambia de estrategia de inmediato. Los hombros tensos que nunca se relajan y la costumbre de decir “yo me encargo” incluso cuando estás sobrecargado indican que tu sistema nervioso asume que la autosuficiencia es sinónimo de seguridad. Cambiar esa suposición requiere acciones sencillas y constantes, que es precisamente lo que pretenden desarrollar las tres estrategias.

Técnicas prácticas para gestionar el estrés que los líderes pueden poner en práctica hoy mismo

Estas acciones rápidas y fáciles de repetir se adaptan a las agendas apretadas y tienen como objetivo relajar el cuerpo, aceptar el apoyo y reforzar la sensación de que te ven.

  • Ponle nombre a ese sentimiento — Haz una pausa un momento y di en voz alta o para tus adentros dónde sientes el estrés (pecho, garganta, estómago) y ponle un nombre, como “ira” o “preocupación”; expresar los sentimientos con palabras ayuda a tu cerebro a pasar de una reacción automática a un pensamiento deliberado.
  • Ejercicio de respiración de 60 segundos — Respira lentamente en la zona de tensión durante un minuto, inhalando durante cuatro segundos y exhalando durante seis; ese pequeño cambio transmite una sensación de seguridad a tu sistema nervioso y, a menudo, reduce el pulso y la tensión.
  • Acepta una pequeña cosa — Da las gracias cuando te hagan un cumplido, deja que otra persona se encargue de una tarea o acepta que te cambien la hora de una reunión; fíjate en cómo reacciona tu cuerpo e intenta mantener esa sensación positiva durante unos segundos para reforzar la idea de que recibir es algo seguro.
  • Reflexión al final del día — Cada noche, nombra tres cosas concretas que hayas hecho bien durante el día, por pequeñas que sean; este hábito te ayuda a desarrollar la confianza en ti mismo de que puedes afrontar las situaciones y reduce la soledad que se deriva de estar constantemente pendiente de lo que ocurre a tu alrededor.
  • Delega un ritual — Elige una tarea recurrente de esta semana para delegarla, aunque sea temporalmente; delegar te permite ahorrar energía a la hora de tomar decisiones y le da a tu sistema nervioso un respiro de verdad, para que puedas estar más despejado al día siguiente.

Descargo de responsabilidad: Este artículo tiene fines meramente informativos y no sustituye el asesoramiento médico profesional. Siempre consulte a su médico si tiene alguna pregunta sobre alguna afección médica.

FUENTE: https://www.forbes.com/sites/dilangomih/2026/05/26/mental-health-matters-three-stress-strategies-for-women-in-leadership/

Alex Reijnierse
Alex Reijnierse

Alex Reijnierse es un experto en gestión del estrés con más de una década de experiencia ayudando a las personas a gestionar y reducir el estrés de forma eficaz. Tiene una maestría en ciencias (MSc) y experiencia en entornos de alta presión, lo que le ha proporcionado experiencia de primera mano en el manejo del estrés crónico.

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